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viernes, 18 de agosto de 2017

Rambleando


Rambleando, la acción de pasear por las ramblas… en este caso por Las Ramblas de Barcelona. Actividad icónica de la capital catalana.


Hoy, tras los horribles atentados de ayer en Barcelona, los ciudadanos de la ciudad condal han querido mostrar su valentía, unidad, su valor y solidaridad, recuperando Las Ramblas, y rambleando como lo han hecho siempre.

En mi caso es uno de los recuerdos más bonitos de mi infancia. Por aquel entonces visitaba a mi abuelo en verano. Juntos, desde casa, bajábamos por Paseo de Gracia, dábamos de comer a las palomas en Plaza Catalunya, y terminábamos el paseo por las queridas Ramblas de mi abuelo…

Para mí era algo muy especial. Por ser mi abuelo, por ser Barcelona, pero sobretodo, por la tranquilidad que ese paseo me daba. Yo estaba acostumbrado a una Bogotá violenta. Una ciudad donde no podía salir a la calle, donde salir a pasear y dar de comer a las palomas (todo un sueño para un niño) era algo impensable. Tal vez desde entonces ya empezaba yo a querer vivir en Barcelona.

Las Ramblas, icono de Barcelona, disfruté de todos los barceloneses y de quienes vistan esta ciudad magnifica. Y hoy más que nunca, icono de la unidad mundial frente al terror y los extremismos.

Al margen del dolor que sentimos, quiero compartir dos reflexiones. La primera: la solidaridad de los barceloneses. Esa que nunca para de sorprenderme. Solidaridad que no quiero que nunca perdamos.

La segunda: que no nos gane el odio. Muchos hablan hoy de no tener miedo (“no tinc por”, en catalán, era el cántico hoy en Las Ramblas). Y está muy bien. No hay que llevarnos por el miedo. Pero a eso le sumaría yo, tal vez más importante para mí, que no nos dejemos llevar por el odio. La crispación de los tiempos actuales y los “ismos” de hoy día (fundamentalismos, nacionalismos y racismos incluidos) son los que están debilitando nuestras sociedades (y nuestro espíritu humano). Y están todos arraigados en el odio a los otros, a los que no entendemos. Si nos gana el odio, nuestra corazón y mente se nublan… nuestra sociedad pierde sentido. Con odio perderemos la solidaridad y la diversidad que siempre ha caracterizado a Barcelona, que siempre ha caracterizado a nuestras Ramblas…y ya no habrá nada que defender.





jueves, 20 de abril de 2017

¿Creer en Dios nos hace pobres o ser pobres nos hace creer en Dios?

Buenas,

Os comparto un nuevo post para nuestro blog Latinoamérica21 en El Observador de Uruguay:

http://www.elobservador.com.uy/creer-dios-nos-hace-pobres-o-ser-pobres-nos-hace-creer-dios-n1060257

Escrito con Jerónimo Giorgi y con la colaboración de Juan de Castells, es una pequeña reflexión sobre el papel de la religión en nuestras sociedades latinoamericanas. Ojo, no queremos herir sensibilidades, de hecho los que me conocen saben que soy muy espiritualista y respetuoso del sentimiento religioso y la creencia en Dios. Creo que la fuerza del espíritu humano, incluidas creencias religiosas, nos puede llevar a ser mejores (y así lo he expresado en otros artículos en mi blog). Pero igualmente (como economista especializado en desarrollo económico) soy consciente de que como los fundamentalismos pueden frenar el avance de las sociedades. Como con posts anteriores, la intención de Latinoamércia21 es invitar a la reflexión.

Saludos!


jueves, 30 de marzo de 2017

¿América Latina está abarrotada?

Os comparto un nuevo artículo de opinión que he escrito para El Observador de Uruguay:

http://www.elobservador.com.uy/america-latina-esta-abarrotada-n1051205

De paso os invito a conocer nuestro blog "Latinoamérica 21" en ese diario. Desde hace semanas publicamos cada jueves diferentes artículos sobre temas de actualidad en América Latina. El blog está coordinado por el gran Jerónimo Giorgi.

Buena lectura!

viernes, 24 de febrero de 2017

Leti

Llevo muchos años yendo a la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), en Bellaterra, a las afueras de Barcelona. En su momento iba como alumno de economía, hoy voy como profesor (no sé qué prefiero la verdad, pero ese es otro tema diferente al que quiero tratar). La UAB es un gran campus, en una zona muy verde, tranquila. Con sus diferentes facultades, caminos y zonas verdes, a mi es un lugar donde me gusta trabajar. Un campus donde coinciden muchas disciplinas académicas, posiciones políticas, estilos de vestir, maneras de actuar.

Yo voy desde siempre en tren, los ferrocarriles de la Generalitat de Catalunya: la UAB tiene su propia parada. Algunos días me encuentro amigos o conocidos en el tren. Otros días, en el mismo tren, o al atravesar el campus, y sin más, termino hablando con alguien (al final compartimos campus y universidad). Igual un día hablas de economía, como de política o física (ve tú a saber, cada loco con su tema). Otros días puedo atravesar todo el campus y llego a mi facultad sin que por el medio se cruce un saludo, o una mirada; hay días para todo.

Pero desde hace muchos años sé que alguien si me espera en el campus. No son otros profesores, no son mis alumnos (no pretendo tanto!). Y me espera a mí como nos espera a todos. Y a nadie le niega su saludo y una pisca de cariño. Leti, con la magia que solo los gatos pueden tener, ha vivido en el campus, a la salida de la estación de los ferrocarriles, desde hace mucho tiempo. Llueva o haga sol, Leti siempre ha estado ahí. Aunque llegue tarde (muchas veces me pasa), me tomo al menos un minuto para saludar a Leti, que paciente nos espera alegre para recibirnos en el campus (no creo que mis alumnos me vayan a recibir nunca con esa alegría).

Desde hace varios días Leti ya no estaba ahí para recibirnos. Y yo no entendía por qué. No puedo negar que me entristeció mucho no verla; de repente llegar a la UAB no era lo mismo. Leti se ha hecho mayor y me he enterado que tiene problemas para valérselas por si sola. En el campus una asociación (http://gatscampus.org/, a la que quiero agradecer y animar por su labor) cuida de los gatos que viven en el campus, como Leti. La asociación llevó a Leti al veterinario y hoy he sabido que una voluntaria cuida de ella.

Me alegra saber que Leti tendrá un hogar para la última etapa de su vida. Leti nos dio cariño durante años a muchos de los que llegábamos al campus; ha hecho su labor y se merece lo mejor. Yo seguiré bajando del tren cada día extrañando el saludo matinal de Leti.